En un minuto puede cambiar todo.

No somos dueños de nuestro final. No sabemos nunca lo que ocurrirá mañana, si volveremos a reír, si volveremos a despertar o si llegaremos a dormir una noche más. Todo parece que va bien, los días van pasando, usamos relojes para ordenar nuestras vidas pero en verdad no valoramos el tiempo.

Tampoco sabemos valorar la calidad del tiempo. Conforme va pasando, ésta va disminuyendo, todo va envejeciéndose a pequeña escala: los músculos, los huesos, la vitalidad, los ojos, el pelo, la piel, las ganas… Las ganas también envejecen. La energía que tienes ahora será distinta de aquí a cinco años.

La libertad va estrechándose poco a poco: asumimos obligaciones, trabajamos, dejamos de tener tanto tiempo para nosotros mismos. Y luego, curiosamente cuando más tiempo y dinero tenemos menos fuerzas para disfrutar de la vida.

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Ayer me enteré de que en un minuto puede cambiar todo. Que puedes pasar de reírte en el sofá con tu familia viendo una peli un domingo por la tarde a que te digan que tienes un cáncer o que alguien a quien quieres tiene cáncer y te queda tiempo limitado. Da igual que sea mucho o poco, ya es limitado.

Cuando no valorabas que simplemente tenías tiempo ilimitado de primeras llega un día en el que tienes una fecha marcada. Surge algo que dificulta la calidad con la que respiras, hablas, ves, oyes o te mueves. Cosas que dabas muy por sentado porque llegaron gratis cuando naciste, que te han acompañado muchos años pero que en cuanto algo falla, la vida se derrumba y no dejas de preguntarte ”¿por qué yo?”

Por la misma razón que he escrito antes. Porque nunca sabemos lo que puede pasar el día de mañana.

Una vez que esta pequeña cosa falla me imagino que la única pregunta que me haría sería ”¿por qué no hiciste eso cuándo podías?”, y de ahí derivarían el resto con su propia modalidad ”¿por qué no bailaste más?”, ”¿por qué no quisiste mejor?”, ”¿por qué rechazaste tantas veces el salir cuando podías hacerlo?, ”¿por qué no te olvidaste un poco más de lo que tenías que hacer?”, ”¿por qué no distes más besos?”, ”¿por qué no probaste más cosas nuevas?, ”¿por qué no aprovechaste más tu tiempo libre?”, ”¿por qué no aprovechaste más en ver a tus amigos?”…

No podría dejar de formularme cada una de estas preguntas, ni siquiera puedo dejar de formulármelas ahora mismo.

Con esto quiero recordarme que los días están contados aunque no sepa cuál será el último. Que el tiempo con la gente que me quiere también es limitado. Que depende de mí aprovechar sacar partido a lo que tengo.

Que no depende de nadie más, que es deber de cada uno y que no esperemos a hacernos mayores para aprender a vivir, aprendamos día a día un poco más sobre esto. Que no llegue el día en el que en un minuto todo cambie y no pensemos más que todas esas preguntas sin siquiera poder reír de la misma manera.

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